Crítica de 365 DIAS MAS (2022)

(Mala)

Con escasa coherencia narrativa y cansinas secuencias sexuales, 365 Días más es más de lo mismo. Disponible en Netflix.

La primera parte de 365 días utilizó una historia polémica para llamar la atención. Un poderoso y apuesto gánster italiano secuestra a una mujer y le da un plazo de un año para enamorarse de él. El argumento fue atacado por todos los ángulos posibles y uno de sus fuertes criticas fue que el aberrante delito se perdía en la belleza, erotismo y poder de quién lo ejecuta. El film, inspirado en 50 sombras de grey, potenció escenas de alto contenido erótico y quiso ir más allá del límite de la censura.

Con coreografías eróticas banales y diálogos concisos y torpes, para disimular cualquier pobreza actoral, 365, tenía algo para contar, más allá de su desborde libidinoso. Su segunda parte, 365 Días: Aquel día, y no hizo más que exponer todo lo señalado pero en formato de videoclip, dejando sus diez minutos finales con la intriga de saber si la protagonista (Laura) continuaba con vida, luego de una balacera en la que incluía al hermano gemelo del personaje principal (Massimo).

Ahora, su tercera y ¿última parte? es más de lo mismo, con el aditamento de que su incoherencia narrativa y emocional es harto visible en el correr de los minutos. En esta oportunidad, la historia sigue en los momentos posteriores al crucial enfrentamiento de Massimo con su hermano gemelo. En la segunda parte, Laura ( Anna-Maria Sieklucka) es herida gravemente de bala y todo hace presumir que está muerta y que se avecina una guerra de familias de gánster. Lo cierto es que Laura sobrevivió y continúa su relación con Massimo (Michele Morrone). Pero la pareja entra en crisis cuando Nacho (Simone Sussina) reclama el amor de Laura, dando pie a un trío amoroso en el que solo dos pueden participar.

El gran error que comete la trilogía de 365 días, y que a esta altura no puede suplir, es su falta de coherencia narrativa. Se presume que una situación incierta será revelada en su capitulo siguiente y en donde la explicación completa el círculo. 365 Días más, reitera una vez más, errores del pasado al no contar una situación clave de su trama. Laura ha recibido un disparo de bala lo que hace presumir su riesgo de muerte. La secuencia posterior a los hechos muestran a la protagonista totalmente recuperada y con ganas de tener, “obviamente”, sexo.

Entonces, este corte intencionalmente intempestivo y deliberado de la historia, no hace más que olvidar su pasado, si es que una vez haya tenido intenciones de contarlo. La omisión señalada ha sido reincidente con otros acontecimientos claves, como el intento de asesinato de Laura con pérdida de embarazo incluido. Dicho “olvido” no solo subestima la tolerancia del espectador casual sino que dinamita cualquier intento de ensayo en su defensa.

Con todo, 365 días más nunca pierde de vista sus cansinos encuentros sexuales. Estos, cada vez más obscenos, comenten el error de llevarlos al punto de ser totalmente artificiales. El festival de muecas y movimientos sexuales pierden cualquier intento de erotismo a punto tal que se tornan risibles. En este punto, la plantilla actoral pone a disposición sus físicos trabajados y la voluntad de mostrarse siempre desnudos en pantalla. Indudablemente con ello no basta atento que los torpes y planos diálogos que esgrimen sus protagonistas no alcanzan a revitalizarse porque simplemente no tienen la solvencia para hacerlo.

Sin un timón el barco naufraga a la deriva. Y es precisamente eso lo que ocurre en la saga de 365 días. Quizás, el exceso de imágenes sexuales, fiestas alocadas y lujos de la clase alta, la privó de contar una simple historia de amor. Dicen que los excesos no siempre terminan bien, y la saga de 365 ha llegado a límite de lo permitido, aquellos que marcan un punto de inflexión sobre el tiempo perdido ante una incoherencia narrativa.

RESUMEN

En definitiva, 365 días más repite sus errores de sus predecesoras convirtiéndose en un espectáculo visual sin sentido. La apuesta a sus repetitivas escenas sexuales le juegan, otra vez, una mala pasada por no tener en su trama una coherencia narrativa.

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